Apaga todo. Abre la puerta. Sal a la calle. ¿Qué oyes?
Exactamente eso, exactamente nada.
Las calles están vacías, solo el tráfico que discurre por ellas rompe el silencio.
¿Qué fue de aquellos niños que correteaban con los patines por las calles y que se apresuraban a llegar a la acerca cuando veían a un coche de frente aproximarse?
Hemos evolucionado.
Los chavales de hoy son simples máquinas al poder de los juegos y de la red.
Atrapados como peces dentro de ella, pueden moverse libremente, hacia donde quieran y nadar todo lo rápido o despacio que precisen pero, nunca podrán salir de allí a menos que esa red cree una fisura y un pequeño pececillo espabilado sea el primero en salir por ella.
Las reglas están para romperse. Debemos romper moldes, recuperar nuestra esencia. Decirle al mundo que con nosotros no cuente pero que nosotros contamos con él.
Nueva generación inconformista. Nueva mentalidad no paisajista.
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